Las consecuencias se sentirían en todo el mundo...

Por: Bradley Martin y Liram Koblentz-Stenzler / The Washington Times
Traducción: Telegrafi.com


El presidente Trump está sopesando la posibilidad de poner fin a la guerra incluso si el estrecho de Ormuz permanece cerrado, una decisión que marcará mucho más que el final de este conflicto.

Informes recientes sugieren que el Sr. Trump podría estar dispuesto a abstenerse de usar la fuerza para reabrir el estrecho, y en su lugar, confiar en la diplomacia y en sus socios para restablecer el transporte marítimo.

No se trata solo de cómo termina la guerra. Se trata también de cómo se entenderá en Teherán, en los estados del Golfo y más allá, y qué consecuencias tendrá.

La respuesta de Teherán a los últimos esfuerzos estadounidenses deja clara su postura. Los funcionarios iraníes no ofrecen concesiones, sino que imponen condiciones: la retirada de las fuerzas estadounidenses de la región, el levantamiento de las sanciones, el mantenimiento de su programa de misiles y la ampliación de su control sobre el estrecho de Ormuz.

Estas exigencias inclinarían la balanza de poder a favor de Irán.

Irán también ha hecho hincapié en un marco regional que reduce el papel de Estados Unidos y se sitúa más cerca del centro de los acuerdos de seguridad regional.

Ya hemos visto esta lógica antes. Tras la invasión iraquí de Kuwait en 1990, Osama bin Laden ofreció defender a Arabia Saudí, con la condición de que el reino rechazara a las tropas estadounidenses. El objetivo no era solo la seguridad, sino también derrocar a Estados Unidos e instaurar un orden diferente.

Irán no solo busca un alto el fuego; aspira a una "nueva realidad" donde la influencia estadounidense se minimice:

Irán no está haciendo la misma oferta, pero se está moviendo en una dirección similar al ejercer presión ahora y moldear lo que vendrá después de una manera que disminuya el papel de Estados Unidos.

Si Washington se retira mientras Irán mantiene su influencia sobre Ormuz, las consecuencias se sentirán en toda la región.

Para los estados del Golfo, esto ya es una realidad. Países como Arabia Saudita, los Emiratos Árabes Unidos y Qatar llevan mucho tiempo luchando por encontrar el equilibrio entre su dependencia de la seguridad estadounidense y evitar una confrontación directa con Irán. Ese equilibrio ahora se encuentra bajo presión.

Los recientes ataques iraníes han trascendido un único frente: han atacado infraestructuras, instalaciones relacionadas con la energía y rutas comerciales. El mensaje es claro.

Al mismo tiempo, aumenta la presión en Washington para poner fin al conflicto. Los precios del petróleo han subido y el riesgo de que continúen los bloqueos en el estrecho de Ormuz preocupa tanto a los mercados como a los políticos.

Sin embargo, esto no resuelve el problema.

Estados Unidos no se ve obligado a elegir entre enfrentarse a Irán y estabilizar los mercados energéticos. Los estados del Golfo aún tienen la capacidad de aliviar las presiones sobre el suministro, incluso mientras el conflicto continúa. Poner fin a la guerra partiendo de la premisa de que los mercados no pueden soportar más perturbaciones otorga a Teherán un papel que no le corresponde.

La verdadera incógnita reside en cómo interpretará Irán la retirada estadounidense. Si la política de EE. UU. se percibe como motivada principalmente por la presión económica, Irán podría concluir que una escalada podría forzar concesiones políticas. Esta conclusión no se limitará a este conflicto.

Si Irán sale de esta guerra con su influencia intacta, los gobiernos de Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos tendrán que analizar hasta qué punto pueden depender exclusivamente de Washington. Algunos adoptarán una postura más abierta, mientras que otros mantendrán canales de comunicación con Teherán en los que no desearían confiar.

Esto también abre la puerta a otros actores globales. Rusia, ya aliada con Irán, tendría más margen para ampliar su influencia. Turquía, que se mantuvo al margen del conflicto, podría salir fortalecida.

Si Washington quiere evitar ese desenlace, debe tener claro qué implica poner fin a esta guerra. Ormuz no puede seguir siendo un punto de presión. Hay que abordar la capacidad de Irán para utilizarlo como tal, y no dejarlo únicamente en manos de la diplomacia.

Retirarse ahora no pondrá fin al conflicto. Determinará quién sale victorioso. /Telegraph/